Thursday, August 13, 2009

Edinburgh Fringe

Anoche tuve una pesadilla horrible. Me paseaba por los pasillos de una casa gigantesca de varios pisos en la que se estaba celebrando una fiesta. La luz de ambiente era roja, por supuesto, y a mi alrededor, el resto de invitados, tanto los que reían como los que bebian o los que se escabullian perseguidos por otros, como los que discutían se lo estaban pasando de maravilla. Yo buscaba a mis amigos, era difícil con el bullicio y el gentío. Tampoco ayudaba el tamaño del caserón ni la cantidad de alturas.
Me he despertado confusa, y al salir a la calle me he encontrado en el centro de una ciudad atacada por la histérica. Gente disfrazada entregándome fliers, actores ocasionales, excéntricos, oportunistas, shows callejeros de contorsionistas y trapecistas, intérpretes amateurs de Shakespeare y todo un elenco de personajes de la farándula a tiempo parcial. Todos y cada uno de ellos tratando de destacarse sobre los otros con atuendos o comporatmientos únicos.

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Entonces mi sueño a cobrado sentido, porque caminando entre las masas yo me siento como el espíritu anti-fringe, el Scrooge del festival, refunfuñando y detestando a cada supuesto actor de reparto que me cruzo.
Cada año es lo mismo, me estudio el programa de cabo a rabo, leo hasta la sección de teatro musical, subrayo, catalogo cada show con marcas diferentes según el grado de interés que me despiertan... para al final, nada, termino acudiendo a conciertos o al cine, como el resto del año. Quizá sea frustración y envidia, los odio porque por más que lo intento no puedo pasar a formar parte de la celebración.
El rey del Fringe es la comedia, stand-ups en cada antro, en cada agujero rehabilitado, en cada sótano de bar, la hay ofensiva, la hay gratuita, la hay asidua, común, original, conocida, vulgar, efectiva, decadente, devastadora, hilarante, mediocre, vacía, popular, ejijan ustedes el adjetivo. Sea del tipo que sea a mi no me gusta.
En mi defensa diré que la española no es una cultura muy dada al fenómeno stand-up, los humoristas españoles o cuentan chistes como Eugenio o son parte de un pequeño acto como Gila, pero esto de tener un tipo de pie en un escenario con un micrófono durante una hora no es un tipo de espectáculo al que esté acostumbrada.
Pero como en mi sueño, a mi alrededor se produce algo, una festividad para la que audiencias viajan miles de kilómetros, y sin embargo, al director se le olvidó mandarme la invitación.

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Monday, March 30, 2009

La nueva casa

Una nueva casa es como un hotel. Un entorno aséptico, limpio y aspirado. Impersonal. Hasta que consigo hacerla mía, sufro un periodo de transición, un limbo en el que me paseo ociosa, mirando y analizando cada detalle, cada centímetro, como intentando memorizar cada rincón. Realizar cualquier tarea, hacer un café, puede convertirse en una faena interminable, quizá el café estaría mejor es este otro armario, y la cafetera, dónde dejé la cafetera? Necesito un escurridor, mejor empiezo la lista de la compra ahora... un boli. Los bolis están en el comedor. O dentro de una mochila?
Me siento con un libro, intento concentrarme. Pero mi mirada se desvía hacia esa mesa, no estaría mejor contra la pared? Me levanto la miro. Me rasco la barbilla. Ya lo pensaré en otro momento, ahora iba a relajarme. La verdad que no me apetece leer. Una peli. O mejor cuelgo ese marco. No, no tengo ganchos, me acerco a la tienda a comprarlos?
Aquí estoy, de nuevo. Con las mismas inquietudes, las mismas ansiedades.
Volvamos a empezar.

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Wednesday, March 04, 2009

L'etrange Mr Whinster - Horrific Child (1976)

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A veces las despedidas son premeditadas y rotundas. Como aquél día que elegí el bolso más pequeño, ese en el que solo cabía un bloc de notas y un boli y me pinté los labios. Estaba todo decidido. Otras veces ignoré que lo que estaba viviendo era un adiós, y solo el tiempo me anunció la ruptura. Recuerdo como si fuera ayer las sombras del pasillo en el que sin saberlo, me estaba despidiendo, el silencio. O el día que entré en su casa sin avisar con mi llave, una bolsa llena de comida china y dos botellas de vino. Están también las separaciones por revelación, cuando un pequeño detalle, insignificante, un comentario ligero, una llamada inesperada, un gesto discreto fueron la pieza que encajó a una trama escondida de intolerancia o desprecio secreto o simplemente desencanto. Como aquellas últimas palabras, “Marte nunca ha estado tan lejos”.
Pero esta vez es diferente. Esta vez no me pinto los labios. Esta vez la despedida ha sido demasiado larga, agonizante, y lenta. Esta vez soy yo la que reconoce la culpa y la pena ha durado ya demasiado.
Me queda, como siempre la música. Y yo, como el Horrific Child que fui he pagado mis faltas y puedo disfrutar tranquila ya de la creación de Jean-Pierre Massiera. Perfecta banda sonora para una ruptura.

Bajar aqui.

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Tuesday, February 24, 2009

Grauzone - Traume Mit Mir


Mi hermana llegaba tarde todos los fines de semana y discutía con mis padres. Su defensa era que no volvía a la hora porque se lo estaba pasando bien. Yo entonces, 11 años menor que ella, me imaginaba unas fiestas salvajes llenas de diviersión, una diversión para la que yo tendría que esperar unos años.
Pero estaban las cintas. Ella siempre sacaba cintas negras y pesadas del bolso, llenas de una música que no se escuchaba en la radio ni en la tele. Unos sonidos diferentes que se convirtieron en el único nexo de unión entre mi y esas fiestas psicodélicas que yo me imaginaba. Y mientras ella discutía con mis padres, yo me escondía en mi habitación con una nueva cinta y escuchaba cosas como esta:

Grauzone - Traume Mit Mir (1982)

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Thursday, February 12, 2009

La edad

Esta semana he cumplido 32 años. Esta semana me he apuntado a un curso de yoga. Si bien a simple vista parecen dos eventos aislados, creo que están estrechamente relacionados y más que asustarme, me tranquiliza. Quiero pensar que me adentro en la mediana edad con madurez y consciencia de edad. Seré una anciana alcohólica, pero flexible. Un anciana que ante todo, va a evitar la incorporación de palabras usadas por las nuevas generaciones en su vocabulario habitual. Es un esfuerzo vano, que jamás funciona.
Recojo los tres instantes de mi vida que me llevan a reflexión.
El primero tiene qu ver con la practicante del barrio, Rosa, soltera y fumadora en cadena. Yo pensaba en el trauma oscuro que se ha de esconder en la persona que elige como profesión el castigo de los traseros de toda la vecindad. La miraba con sospecha. En realidad no me gustaba porque me hacía daño y lo más probable es que mi pánico a las inyecciones y vacunas venga de entonces. Ya en la adolescencia, la manía original fue reemplazada por la condolencia que los púberes proyectan hacia todo aquel que no es cool y cuando la veía en la terraza de algún bar exhalando humo me detenía a saludarla con una cruel semisonrisa. “Hola Pussy! Qué? Ya tienes novio?” Yo de seguido contestaba “No”, no tenía ningún interés en discutir mis asuntos sentimentales con ella. “Bueno, novio o amigo, que yo sé que ahora no lo llamais así”.
Un día lluvioso me la encontré en el bar de los billares con un aspecto espantoso, pálida y tosiendo constantemente. Me miró con los ojos vidriosos y repitió su habitual: “Ya tienes novio…?” Pero entonces se detuvo, como si hubiera dicho algo inadecuado y se excusó “Bueno… o… un Mogollón”
1. Mogollón.
La pobre mujer, debió de pensar que “mogollón” era la palabra mágica que te proporciona el cuño de ingreso en el grupo molón del universo guay juvenil. Un comodín, “mogollón” es la clave secreta que puedes colocar en cualquier lugar de la oración, asi que en lugar de novio, se tiene un mogollón, en lugar de un porro te fumas un mogollón y en lugar de maquillaje te embadurnas de mogollón.
Corrí a contarle la conversación a mi vecino Alberto con el que me llegué a pasar tardes hablando de Rosa y entonces nació una de las bromas más duraderas de la historia de mi vida: “Mogolloncito, qué haces?” era el saludo de conversaciones de teléfono, y “quieres ser mi mogollón?” era una mina de risas. La palabra llegó a formalizarse de tal modo que durante una temporada olvidé la palabra “Novio” y pensaba en términos mogollones. Incluso hablando con gente no familiarizada con el nuevo concepto, se me escapaba creando miradas de confusión. Porque claro, había gente con mogollón de mogollones… y en fín, infinitas combinaciones.
2. Cuajao.
En frente del instituto había una papelería de las de antes, con estanterías repletas de sobrecarpetas con mapas físicos de España. Los dueños eran una entrañable pareja viejuna que tardaba horas en servirte. El caso es que un día entré con mi compañero de clase Luis a comprar un boli. La señora anciana tardó siglos, y para cuando me entregó el cambio, Luis había salido de la tienda. “Es tu novio?” me preguntó (mala costumbre de emparejarte que hay en los barrios) “Nono” dije, lo que contestó: “Uy, pues bien podría, porque el mozo está bien “cuajao”.
Por último, un caso reciente. Ayer estaba trabajando en la sala de ordenadores cuando un profesor del cole entró a saludar. Brian viene a verme a menudo y siempre se las apaña para sacar en la conversación que está divorciado. Brian se tinta el pelo de negro y se lo está dejando crecer. Me preguntó por mis planes para Semana Santa para introducirse de pleno en los de este fin de semana. “Poca cosa, Brian”. “Y eso, no vas a salir?” “Nah” “No? Cómo es que una chica joven y guapa como tú se queda en casa? No? No vas a salir, no vas a ir….” Y aquí llegó el momento crítico. Yo creo que lo que quería preguntar era si no salgo a bailar. Pero el termino “bailar” (dancing) se le debió de antojar arcaico. Demodé. Así que lo más moderno que le vino a la cabeza fue…. “Boogying?”
3. Boogying.
Vaya que no está mal utilizar la palabra boogying siempre y cuando sea en el contexto adecuado.
Podemos concluir con que el error mayormente cometido es la malinterpretación de significados y el resultado es triste.
Pero disculpen, ahora tengo mi clase de pilates.

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Tuesday, October 14, 2008

Apocalipsis

Me levanto apurada, voy al lavabo a cepillarme los dientes y cuando abro el grifo, escucho el sonido del eco vacio de un depósito de agua cortada. Apuro un café hecho con el agua de una botella de plástico que encuentro en el comedor y salgo despedida de casa pensando que cada día llego a trabajar más tarde. Bajando por las escaleras a trompicones, en el primer piso, las pintadas sobre la puerta del vecino de la 3 atrapan mi atención. Con spray alguien ha escrito “pederasta” y es probable que el responsable de esto sea el mismo que ha roto las ventanas del apartamento con lo que parecen piedras. “Cómo está el barrio”, pienso mientras rebusco en el bolso las llaves del coche. Llueve a cántaros y cuando voy a introducer la llave en el cerrojo veo que ha sido forzado. Entro en el coche y todo apunta a que alguien durante la madrugada, ha intentado hacer un puente.
Cómo está el barrio.
Ya con el coche en marcha, y rumbo al trabajo hay un desvío en la avenida. La calle está cortada por lo que parece una enorme piscina de la que salen disparados chorros de agua. La que iba a utilizar yo para lavarme los dientes.
Hoy, record de retraso laboral.
Ya sentada en la silla giratoria de la oficina, la portada de todos los periódicos cuenta con la foto de un broker reprensentando alguna de las distintas fases de la crisis financiera. Amargados, sorprendidos, enajenados, boquiabiertos, enfurecidos…
Entonces, en ese momento, se me ha ocurrido que esto es el fin del mundo, el apocalipsis. Olvídense de máquinas que reproducen explosiones o de bombas de hidrógeno. El caos ha tomado posiciones de poder, la anarquía ha comenzado y ya no hay marcha atrás.
Gobiernos que dan ayudas a bancos, el dinero que pierde su valor, la ausencia de agua corriente y el vandalismo en las calles. Lo siguiente es el desalojo masivo de hogares, el rapto de mujeres y niños y el trueque con canicas como método de intercambio. Y yo me alegro de ser testigo del fín de la sociedad como la conocemos y de presenciar la transición hacia el desorden y el primitivismo.
Lo único que me preocupa es la carencia de grandes hechos como decorado de esta puesta en escena. Dónde están esos inversores que como en la crisis del 29 se lanzaban desde altas ventanas formando montañas de cadáveres en las calles? O soy yo la única que necesita de algo más espectacular que caritas de desespero para ilustrar este maldito crunch? Como muestra de nuestro tiempo, podrían actualizar el status del facebook de camino al suelo o realizar una última llamada en bluetooth al especulador local mientras se graban en videocámara para el youtube, donde podremos linkarlos y taggearlos.
Queridos inversores, dense prisa en reaccionar antes de que los maleantes callejeros se adelanten en las portadas de las revistas en su carrera por dominar la confusión. En el fin del mundo aún hay oportunidades de hacerse famoso.

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Tuesday, October 07, 2008

Ausencia canina

Hay blogs que están formados a base de posts con disculpas por no mantenerlo al dia. “Disculpen la ausencia, pero he estado ocupado”, “Es que tengo este blog muy abandonado”. A nadie le importa, nadie les fuerza, asi que déjense de disculpas y escriban cuando puedan. Pero yo el post de hoy lo voy a comenzar también con una excusa sobre estos días sin escribir, y mi pretexto es tan valioso como el de esa gente tan ocupada.
He estado cuidando a un perro.
Lo más probable es que sus experiencias cuidando un perro, como las mías lo habían sido hasta ahora, han consistido en darle de comer al animalito un par de veces al día y sacarlo a pasear. Pero no conocía a pequeño Dilan, un Yorkshire Terrier que require más atención que un adolescente borracho.
Por las noches, tiene que dormir en mi cama y si no lo hace llora, ladra y aúlla como si fuera un perro de verdad y no la rata que es. A mí me dá igual, tengo unos tapones buenísimos, pero no tengo ningún interés en enfrentarme a mis vecinos porque éstos tienen pitbulls, rotwaillers y dobermans, y cuando paseo al pequeño Dilan lo miran como si se lo fueran a comer. El pobre ignorante cabrea a perros del tamaño de un caballo y se cree un boxer luchador libre, ladrándoles y chuleándoles. Pasearlo es mi peor pesadilla, peor incluso que tener que compartir cama con él. No puedo evitar tampoco sentirme en desventaja entre ellos, es como llevar un Renault Clio a una exposición de Porsches 9 11.
Después tenemos las comidas. Dilan, que tiene una dieta mejor que la mía, solo come ternera y lomo de cerdo cortado en trocitos. Qué coraje me dá cortarle la carne. Está tan malcriado que cuando le pongo la cena en el cuenco la mira y olisquea sin comerla para que le haga carantoñas “Qué pasa, Dilan? es que el rey de la casa no tiene hambre?”. Me gustaría poder ignorarlo, ponerle pienso durante cinco días y que se muera de hambre si no lo quiere, pero no puedo devolver al maldito desnutrido y pesando aún menos de lo que ya pesa.
A mí me gustan los gatos, yo me imagino de mayor como la asaltada por Alex en La naranja mecánica, viviendo en un caserón y haciendo yoga en mayot rodeada de ciento y un gatos. Los perros y los dueños que los antropomorfizan me ponen enferma. Como a un niño, los perros de ciertos dueños son inteligentísimos, y se sienten culpables cuando hacen algo malo, y piden perdón, y son vanidosos y hasta saben leen los posos del café y preveen accidentes. Tantas y tan primitivas emociones y sentimientos que le han costado al hombre milenios en desarrollar, son de pronto atribuídos no solo al sector canino, también a los osos panda, jilgueros y ratones. El día que un perro intente mantener la compostura frente a un grupo de señoritas cuando tras correr como un loco para pillar el autobús, el conductor le ha hecho un desplante y le ha cerrrado las puertas en las narices, empezaré a cambiar de opinion. O tráiganme a un ñu que se sienta culpable al chillarle a su señora cuándo ésta tenía dolor de muelas, o a un gorrión deprimido porque nadie se ha acordado de su cumpleaños, o a una iguana desengañada porque ha recibido un mensaje de texto y cuando lo ha abierto se ha dado cuenta de que solo es una promoción de Movistar.
Entonces, empezaré a cortarles la carne sin sentir que estoy perdiendo el tiempo siendo utilizada.

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Monday, September 29, 2008

El sueño del cine

Forma parte de un ritual que comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando la pequeña Pussy despertó un interés por el cine a altas horas de la noche. Como nos referimos a una diminuta, minúscula Pussy, las altas horas de la noche empezaban a las 9. Lo que sucedía después de las 10:30 eran secretos vetados, y la curiosidad hinchó tanto el globo de su imaginación, que ésta explotó esparciendo todo tipo de imposibilidades. Pero antes de que este big bang sucediera, la película de las 9 en punto era sagrada. Aunque agotada tras serios días de sinparares, me tumbaba en el sofá, con la cabeza en el regazo de mi madre mientras la obligaba a rascarme la espalda. Suena un poco extraño, pero todos hacíamos cosas raras de pequeños. Mi amiga Laura, por ejemplo, veía la tele con su hermano escondidos ambos bajo la mesita del café. Las tardes que pasaba en su casa terminaron fastidiándome las cervicales, porque no había espacio suficiente para los tres, pero ellos se empeñaban en agazaparse adoptando incomodísimas posturas. Un día se me ocurrió sugerir el enorme sofá, tan blando, cubierto de cojines de colores que decoraba el comedor, y me miraron como si estuviera fuera de mí.
El caso es que desde el sofá, con la mano de mi madre sobre mi dañada espalda, nunca terminaba de ver las películas. Me mantenía despierta durante la mayor parte de ellas, una hora y poco más. Sin importar la calidad de la cinta, o si la estaba o no disfrutando, antes del final me entregaba a Sandman en cuerpo y alma. En ocasiones luchaba contra el sueño, me proponía mantenerme espabilada y me concentraba en el estado consciente. Pero como si hubiera sido maldecida por el Dios Desenlace, caía en los brazos de la inconsciencia. Otras veces aguantaba hasta los últimos cinco minutos, para fracasada, perder la batalla final contra el destino.
Así que cuando despertaba con los títulos de crédito, le preguntaba a mi madre qué había pasado. Las madres son fantásticas cocineras y compañeras de compras, pero no saben contar películas. Al menos la mía, que parece vivir una realidad alternativa en la que las películas tienen argumentos diferentes, incluso personajes inventados. Preguntarle a mi madre por el final de una peli es un error que se paga con la frustración que sufren muchas parejas, la de irse a la cama insatisfecha.
Cambiemos de escenario, sitúen ahora a una crecidita Pussy, ya con tinte en el pelo y cejas depiladas sobre un sofá, excitada por tener entre sus manos la copia de una peli en dvd que lleva tiempo esperando ver. Vuelvan una hora después y la encontrarán con R.E.M. Sin una madre que me deje boquiabierta, ahora tengo que ver los últimos 30 minutos de cada película al día siguiente, lo que trae varios problemas: Quién recuerda en qué momento cayó dormido? Cuando selecciono escenas en dvd, ni si quiera identifico las que ví estando despierta. Así que me debato durante un rato hasta elegir un punto al azar. Intento concentrarme, acumulo todos los datos que encuentro en mi cerebro sobre la cinta. Pero sin fallar, inmediatamente después de darle al play tengo la sensación de que me he perdido algo, de que hay un detalle básico del guión que no recuerdo.
Es molesto cuando alguien me pregunta: "has visto XXXX?" y contesto: "sí", porque siempre le sigue el comentario: "Qué bueno es el final, eh?" Entonces entramos en el debate en el que tantas veces me he visto envuelta: "si no has visto el final, en realidad, no has visto la película". Claro, pero ver sólo el final de una película, tampoco te dá el derecho de decir que la has visto.
Llegué a pensar que los finales solo existen en las salas de cine. Me convencí de la existencia de un complot organizado por los magnates de ciertos canales de televisión que interrumpen los últimos minutos, emiten ondas valium que nos hipnotizan y nos envian a asesinar a sus enemigos. Al día siguiente no nos acordamos de nada.
Pero también es cierto que durante esa época, tomaba muchas drogas.
Yo no soy de esas que se queja sin fundamento. Tampoco creo que sea yo la única sufridora del síndrome del sinfinal, así que tengo una solución perfecta que va a cambiar la vida de muchas personas. No es una solución así repentina, es fruto de la reflexión de años de sufrimiento y agonía.
Quiero un DVD con la última media hora de todas las películas.
Sólo entonces podré dejar que me rasquen la espalda sin preocuparme por final de ninguna película.

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Thursday, September 25, 2008

Penes y peluches


En arte, todo movimiento artístico, al igual que los seres vivos, nace, resplandece y muere. Se originan por accidente, sin intención de cambio radical, pero alguna innovación inesperada los convierte en un fenómeno remarcable. Tienen su momento de resplandor, de renacimiento cuando alcanzan su equilibrio de forma y significado. Cuando mayor fama alcanzan, más seguidores, imitadores y admiradores que inspirados crean nuevas tendencias derivadas del movimiento primigeneo, les surgen. Y por supuesto, mueren. Mueren porque puedes repetir una idea sin que suene cansina un número limitado de veces.
Mueren cuando se formalizan y se academizan. Cuando son absorvidos por la cultura dominante, por la moral alfa y pasar a ser adoctrinados en las aulas de las instituciones locales. Profesores que ensañaban ayer las maravillas de la luz impresionista adaptan sus conocimientos con un par de artículos en publicaciones especializadas e imparten lecciones sobre las oscilaciones entre la represión sexual y la ninfomanía en la obra de Tracey Emin.
A los blogs les sucede lo mismo. Mis compañeros del departamento de informática se debaten entre enseñarles a los estudiantes el formato blogger o el wordpress, siendo estos últimos los que adoptan posturas más arriesgadas y cool.
Y paseándome por blogs cuyos posts constan de un link a una página de cosas monas se me ocurre que la decadencia es inevitable. Como adolescentes que han aprendido a decir la palabra PENE sin reirse, el blog ha madurado y ya no fascinan los peluches de colores ni las fotos glamourosas de chicas semidesnudas. Penes. Repitan conmigo. PE-NES. Los hay grandes, pequeños, delgados y godos. No somos británicos, no tenemos por qué avergonzarnos al pronunciar estas palabras. PENES! Así que una vez superado el shock, ya maduros y serenos, empecemos a reflexionar sobre todo esto.
No me malinterpreten, a mi las imágenes de penes no me desagradan, lo que me incomoda es que vengan acompañadas de un pie de página que diga: "Qué liberada soy". Porque entonces tienes los días contados, y tras ellos o te quitas la ropa o abandonas el blog como algo que nunca funcionó.
Y sí, la opinión, la poesía y la difusión especializada son las tres razones por las que sigo un blog. Los peluches y penes de escándalo, pueden montar la orgía sin mí.

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Tuesday, September 09, 2008

Mi casa

El grifo con el botón esmaltado de color rojo es el que provee agua fria. El agua que chorrea del azul, puede abrasate los dedos en solo un par de segundos. Ese fue el primer sobresalto del piso, el que mejor recuerdo porque me pareció una buena metáfora de mi vida. El mundo al revés.
Los muebles de la cocina son descomunales. Vistos desde la puerta dan la impresión de no ser parte de ella. Parecen pertenecer a otro lugar y a otra era, como que están ahí entre el blanco de la pared por puro accidente, como un inglés en una plaza de toros. El hornillo deja de funcionar cuando se enciende el grill, así que no se puede cocinar pescado y freir patatas al mismo tiempo. Al eglefino le acompañan patatas asadas.
El comedor consta de mesitas insignificantes, prácticas, que elevan los aparatos comunes, y un sofá de color azul corporativo; camuflarlo de rojo se convirtió en mi misión personal.
Cuando nos enteramos del derribo, compramos los rotuladores y los acrílicos y las paredes se convirtieron en una tormenta de ideas. Listas de la compra, deudas, dibujos y frases que nos parecieron graciosas en su momento, esbozos, dibujos obscenos, recortes y poemas improvisados. Amagos de retrato. La pared sobre las escaleras se utilizó como pizarra para un par de histéricas clases de castellano.
Pasamos el tiempo buscando lo extraviado. Algunas cosas se encuentran bajo los cojines del sofá, el lugar donde va a parar todo lo que se pierde. No importa que deje el móvil en el coche, por sí solo, entra en el abismo de objetos perdidos que termina succionado por las costuras de los rincones del sofá. Lo mismo con el dinero, las llaves, los mecheros, los calcetines, los huesos de oliva. Otras cosas no volverán, las cazadoras, relojes, vinilos, las copas.
El collage del segundo piso formado de pósters de cine erótico nos costó dos semanas de invierno. Ahora, con el calor, las cubiertas se despegan y me da tanta pereza fijarlas de nuevo que terminan amontonadas en la barandilla.
El wifi ha dejado de funcionar al mismo tiempo que mi cámara de fotos, al mismo tiempo que la aguja de mi tocadiscos ha anunciado su retirada. Y le queda tan poca memória al portátil que cada vez que descargo una canción pienso que se va a congelar. Se comenta entre bizcochos de chocolate la necesidad de reparar los pequeños desastres, pero cuando miro los estores, que van perdiendo tiras como hojas un árbol en otoño, me doy cuenta de que todo da igual.
Derriban mi casa en 2 meses.

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Tuesday, September 02, 2008

La muerte

El amor, el dinero y la muerte son y serán las grandes obsesiones humanas. Las dos primeras me parecen tan supérfluas que no les dedico grandes reflexiones. Sobre la última fantaseo constantemente, me imagino escenarios tras la mía propia y me deprime la posible de mis allegados. Cuando me muera quiero una fiesta con tequila y fuegos artificiales, el resto no me preocupa. Aunque bien pensado, no me importaría que me disecaran y me colocaran sobre una rama de árbol, acechando a un ratón (como esas águilas tras las vidrieras de museos naturales), y me situaran en el interior de un laberinto. Nada de mausoleos. Mis familiares podrían venir a presentar sus respetos trayendo membrillo y jóvenes apetecibles como ofrendas.
Esos son mis deseos, y sucedan de esta forma o no, no quiero que nadie me contradiga. Lo que le ocurra a mi cuerpo cuando expire está fuera del alcance de mi decisión, pero mientras tenga uso de razón puedo controlar lo que se discute en mi presencia. Y la fiesta de mi funeral se prepara estando yo ausente.

Unos dicen que a Margaret Thatcher se le debe un funeral de Estado. Otros con algo más de sentido común, dicen que con uno civil ya puede darse por satisfecha. La polémica del debate está atrayendo a los medios y la noticia se retransmite en cada edición del telediario y se imprime en cada diario. "Un funeral de estado, por qué? si lo único que hizo fue perjudicar la nación!" dicen unos, mientras otros de estudiado aire razonable argumentan: "No podemos negar el pasado que ha constituído una parte importante de lo que somos hoy..." blah blah blah blah. La muerte de esta mujer no me provoca grandes emociones. No siento lástima alguna, lo que me fascina de todo este carnaval es que la baronesa no ha muerto aún.
Con delicada salud y algo de demencia, Mrs Thatcher aún se pasea, aunque a trompicones y consume el ocasional té con leche, cena neeps & tatties y se lava con jabón de avena mientras el resto del mundo discute su muerte. Cada día, se levanta por la mañana, pone la tele, escucha el debate de su muerte encogida en la mecedora y piensa: "State funeral. C'mon!"
No es peor castigo que el que sufren ancianitas que presencian sobre el lecho de muerte la disputa de sus hijas por adquirir ciertas joyas argumentando: "Yo la cuido más y mejor que tú, que siempre estás de viaje", pero debe de ser más vergonzoso. Está en boca de toda una nación que ni siquiera pretende hacer favores de extrema hunción que hagan modificar la herencia. Porque a nadie le importa su muerte más que para juzgar sus errores, estudiarlos y colocarlos en una balanza frente al privilegio de gozar un funeral, determinando si merece o no la entrada al cielo conservador.
Así, además de soportar las riñas de sus hijas acerca de quién se queda con qué, Margarita carga con las del debate de la nación que valora cada disparate cometido, cada mala amistad, cada acción.
Ciertamente no se me ocurre mejor castigo.

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Thursday, August 28, 2008

Un relato a lo Duras

Suena pop ucraniano desde el portátil que descansa sobre una mesita de madera. El está sentado en el sofá rojo. Ella está tumbada en el sofá rojo mientras sus piernas reposan en las de él. A través de la ventana, una tormenta de verano.
Ella lo mira y piensa que ya no se le ve tan entusiasmado como antes. El le devuelve la mirada y piensa que ella lo está mirando interrogativamente. "Qué?" Ella piensa "Ya no lo puedo mirar sin una razón" y dice: "Nada". El desvía la mirada y piensa que ella ya no está tan enamorada, que cuestiona constantemente la relación. Ella lo ve frio. Dice: "Se te nota distante". El dice: "No, estoy bien" y se le ocurre que ella proyecta en él sus propias frustraciones. Sonríe con ironía. Ella contempla la sonrisa y piensa que es un cínico, que todo le resulta indiferente. "Qué es tan gracioso?" El responde que nada, que sonríe por sonreir. Ella dice "Claro, como que soy estúpida" y considera la posibilidad de que piensa en otra y eso le hace sonreir. Quizá sea esa compañera suya de trabajo con la que él almuerza tan a menudo. El observa su cambio de humor sin comprender. Debe de estar cansada de esto, últimamente se la ve tan infeliz, y eso le apena. Ella nota su seriedad y lo confunde con culpabilidad. "Se siente culpable por algo" y ese pensamineto le enfurece aún más. "No soy tan estúpida como perezco, sabes?" El está confundido. No sabe si intentar razonar o comenzar una discursión con la frase: "De qué cojones estás hablando?" Pero al final, como siempre, se inclina por ésta última. Ella deduce que él está a la defensiva. Esconde algo, si no lo hiciera no se comportaría de un modo tan agresivo. Ella tiene una idea. Si da por supuesto que ya sabe lo suyo con esa puta a él no le quedará más opción que confesar. "Lo sé todo, no es necesario que lo ocultes más". El piensa que debe de estar hablando del hachís que tenía escondido en la cazadora. A ella no le gusta que fume, y él había conseguido dejarlo durante un mes. Pero el día anterior él compró una onza. Las cosas no van muy bien, y lo que más le apetecía era colocarse. El dice: "Lo siento, esta ha sido la única vez, lo juro". Ella dice: "Te dejo".
Y de fondo, suena pop ucraniano.

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Tuesday, August 19, 2008

La mente cronengberiana

Palahnuik, fantástico cuentacuentos, narra cómo un buen amigo perdió su dedo para cobrar la indemnización del aereopuerto en el que trabaja. La sangre cubre su brazo y salpica los equipajes de la cinta, pero cuando mira la palma de su mano, ahí está su dedo, sujeto a través de venas. Tira y tira, hasta que siente el dolor de los nervios en todo su brazo, que empieza a entumecerse. Como la cuerda de una guitarra, tenso y largo, no hay forma de cortar el miembro sin alguna herramienta afilada. Si se queda ahí, los doctores serán capaces de coserlo de nuevo y entonces no cobrará el seguro. Tira y tira hasta que vigilantes de seguridad se precipitan en la sala. Las maletas, cubiertas de sangre, han vuelto a facturación despertando la alarma.
Los médicos cosen su dedo con éxito.
Escuchando su relato, sus extensas descripciones y calvarios, noté como mi cara se encogía y arrugaba y me empapaba en sudor a la vez que sentía el dolor en el brazo tal y como Chuck detallaba. Llegué a mirar mi mano, ya sin dedo índice y me convertí en el protagonista de la historia. Ahí estaba yo, en la sala de designación de equipajes del aereopuerto de Seattle, con una deuda bancaria por un préstamo de estudiante de 7000 dólares, distribuyendo equipajes que van a viajar a exóticos lugares en el viejo continente mientras trabajo de noche e intento desgarrarme el dedo de la forma más mórbida para liquidar mis déficits y pagarme unas vacaciones más que merecidas.
Desde entonces el terrible escenario me persigue y decide montarse en los momentos más inesperados, viendo la tele, en la ducha o celebrando el cumpleaños de alguna amistad, me veo inmersa en esa sala oscura junto a la cinta que transporta los equipajes, sangrando y mareada, pero con un único objetivo: deshacerme de mi dedo índice. Y una vez el pensamiento penetra en mí, ya no hay manera de librarme. Permanece durante extensos minutos, torturándome hasta el punto de gesticular y querer arrancarme la cabellera. Y traten de concentrarse en The Wire cuando la sangre cae desde su codo a chorros.
Pero el aereopuerto no es el único decorado; cruzar la calle a veces me transporta a la experiencia de ser atropellada por un camión de El Corte Inglés, subir a la cumbre de una montaña, a la sensación de saltar al vacio y estamparse en el suelo. Cada situación, cada objeto tiene el potencial de convertirse en mi próxima trampa que me abduce a este terrible plató. Como en una película de Cronenberg en la que cualquier mundanidad puede transformarse en un fusil de traumas, mi visión del entorno esta siempre a punto de ser macabro, cada hueso de pollo puede convertirse en una pistola.
Pero no me tengan pena, queridos seres normales. Yo no necesito de deportes de alto riesgo, solo tengo que salir a la calle, escuchar un relato o dejar mi mente en blanco para descargar adrenalina.

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Thursday, August 14, 2008

Vacaciones infernales

Protegida por una armadura invisible, nada malo podía sucederme. Ni el terrorismo internacional, ni violadores, criminales o maleantes podían abrir mecha a mi innata inmunidad al mal. Me paseaba con la misma seguridad indiferente por Kensington que por Toxteth y siempre me he reído en silencio de cualquier mención a infecciones de garganta y atracos y peleas. Si me preguntan hace cuatro semanas, los asaltos sólo les suceden a ricos despistados y a macarras sedientos de bronca. Y yo no pertenezco a ninguna de esas categorías.
Pero volvería a hacerlo, si alguien vuelve a mencionar en mi presencia a abuelos muertos por patrias podridas y culpan a la inmigración de la peste emitida, volvería a hacerlo, aunque me cueste el precio de la vida pública.
Salir a la calle se ha convertido en una jungla de sobresaltos y sospechas que dejó de merecer la pena desde el día dos. Y nunca se me ocurrió que fuera tan terrible tener una identidad peligrosa, porque nunca se me ocurrió que la mía llegara a convertirse en una. Pero si la vida fuera un western, carteles con mi foto tendrían sobrepuesta la palabra WANTED y el comisario de guardia sacaría brillo a su estrella mientras frente a él, bandidos rastrean mi nombre.
O eso es lo que imagino yo, que siempre he padecido de mente hitchcockiana y que desde el viernes pasado vivo en una cárcel voluntaria en la que incluso la llegada del cartero a mi puerta me produce pánico. Quizá desarrolle cierta tendencia agorafóbica que decore mi personalidad, que a veces me da la impresión de que se está quedando obsoleta.
Pero estos acontecimientos solo han supuesto la culminación de unas vacaciones inolvidables por ser las peores que recuerdo. Cambié las estanterías de una biblioteca por las paredes de un aula repleta de consejos sobre cartulina amarilla y tarjetas postales de lugares exóticos. Todo lo posible para hacer llevadero un curso insufrible que me ha servido para valorar mis pequeñas rutinas caseras de las que he estado vetada. Y esa es la excusa de mi ausencia, ahora soy profesora de inglés titulada por la Universidad de Cambridge, que es algo que hay que decir por la añadida sofisticación de la academia.
Este infierno, junto con problemas de salud han destruído mi firme teoría de que todo se soluciona a la mañana siguiente. Un recurso de reparación que aplicaba tanto a asuntos personales como a lavadoras y ordenadores, dejar las cosas reposar una noche y todo vuelve a la normalidad el día después. Cada madrugada me he despertado con esa esperanza, pero lo único que descubrí fue el humo de un incendio. Ha tardado dos meses en hacerse realidad, pero por fín ha sucedido, con un título en las manos y ninguna cita médica cercana, en cuanto se me pase el miedo a ser reconocida, me lanzo al consumo de ales en las carpas del Fringe.

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Wednesday, June 18, 2008

Robos en primera persona

Una buena historia es una buena historia, y como los bolígrafos, los mecheros y las cintas porno, pertenece al mundo. Es inútil reclamarlas como pertenencias, hay cosas que no deberían ser de nadie, y las buenas historias son como los buenos poemas, con los que te identificas y te provocan una correspondencia de emociones. Describen algo que conoces perfectamente, que has sentido, pero que no lo habías materializado en palabras. Una buena historia es a veces frustrante de escuchar porque duele saber que no se te ocurrió a tí antes, pero en nombre de la catársis somos responsables de predicarla porque guardarse algo bueno para sí es de egoístas.
Y es inútil mentir en esto, se experimenta cierta satisfación cuando le cuentas algo que te pasó a un conocido y al cabo de un tiempo te cuenta la misma historia en primera persona, como si le hubiera sucedido a él. Casi que dá pena desmentir su inocente desliz, su pequeña variación en el sujeto sufridor. Ha contado la anécdota tantas veces que ha olvidado de que no fue él el que la vivió. Pero todo está en la intensidad de la narración: no se transmite de la misma forma información que comienza con la frase: "Me contaron una vez" que con: "A mi lo que me pasó". A no ser, claro está, que sea una historia embarazosa o humillante. Recuerdo una vez, en una entrevista colectiva de trabajo, una de las pruebas fue contarle al grupo la situación más embarazosa de nuestra vida. Lo más probale es que lo único que el departamento de Recursos Humanos de la compañía quisiera averiguar fuera el sentido del humor y la habilidad de reirse de uno mismo de cada candidato. La mayoria de historias giraron en torno al alcohol, una borrachera que preferirías poder olvidar, pero el chico gordo, que apenas había participado en las conversaciones, contó detalladamente el día que se cagó encima. Esta, a pesar de ser una genial historia, nunca la robaría en primera persona.
Sin embargo, es nuestro deber y obligación adoptar las narraciones disparatadas, y a ser posible aportar nuestro pequeño grano de arena, personalizarla con detalles inventados y transmitirla a un público cuanto más extenso. Y que sea la última vez que oigo eso de: "Pero si eso me pasó a mí".

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Thursday, June 12, 2008

Críticas educativas

La crítica es sana. Solidifica la piel, estira la columna vertebral, incrementa la adrenalina. Reproches, cinismos y desprecios ayudan a mejorar, a alcanzar un estado personal más aceptable, más cercano a la divinidad. Yo sé lo que digo, desde que este blog abrió sus puertas hace más de tres años, he recibido millares de comentarios de desaprobación y odio. Y sin falta, cada semana recibo algún mail que me recuerda que ya no es tan interesante como lo era antes, o que nunca fue interesante en absoluto, o que no sé escribir, o que no sé pensar... o que pienso demasiado. Y creo que con los años mi inmunidad a las adversidades aumenta, y eso no puede ser malo. De veras aprecio las malas críticas, si no fuera por ellas mi lado egomaníaco y la soberbia dominarían mi carácter, y dios no lo quiera! Me sentiría especial y mis niveles de autoestima se suspenderían en la zona positiva del gráfico de mi personalidad y el simple pensamiento de esa posibilidad hace que me desprecie un poco.
Lo que es bueno para mí, ha de ser bueno también para los demás. Quiero vivir en un mundo mejor y no se me ocurre otra forma que criticar a aquellos que me molestan para que aprendan, recapaciten y cambien.
Las preferencias culturales deben de ser una de las informaciones que reside en los genes. Hay algunos que nacen con la predisposición de descubrir y disfrutar de manifestaciones artísticas y otros que optan por seguir las reglas mediáticas culturales. La biología dicta las leyes, y una vez impresas, las células mandan y nada ni nadie puede cambiarlas. O bien eres de los que es capaz de seleccionar de entre las diversas tendencias aquéllas que más se acercan a tus predilecciones personales, o estás condenado a la pereza intelectual.
Entre estos últimos, poco dados a la investigación, el común denominador es contar con un gran orgullo educativo. Por lo general tacharán de "raro" todo lo que no salga en los medios habituales, pero la carencia de todo criterio artístico, conlleva el aferramiento a los pormenores de la vida. Al ofrecerles la posibilidad de opinar sobre dilemas éticos, programas como El diario de Patricia les han proveído de una dignidad engrandecida y la certeza de hallarse en el bando de los buenos. Esto ha alimentado su ego, cebándolo de veredictos, y la mayoría de sus pensamientos giran en torno a lo que está bien, o no, mejor aún, a lo que está mal. Porque el odio es parte de este individuo, como si hubiesen padecido en sus propias carnes la desgracia de la que se trata, condenan lo que les parece inaceptable, sin cuestionarse la más mínima alternativa. Personas para los que su moral constituye su fuerza de carácter, sólo mientras sea utilizada para juzgar.
Imposible debatir con ellos cuestiones como la infidelidad, la pornografía o ciertas cuestiones políticas porque ellos saben discernir el bien del mal.
Son aquéllos para los que la ética es una e indivisible, escuchan a Bisbal en el coche y leen lo último de Dan Brown. Pero no se amarguen, si hubo esperanza para mí, todos tienen salvación.

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Thursday, June 05, 2008

Crímenes laborales

El centro de estudios está en alerta roja debido a ciertos robos que se han llevado a cabo en la biblioteca y las salas de ordenadores. El último fue ayer, una estudiante china se quedó dormida frente a un libro y cuando despertó se encontró con que su bolso había desaparecido. Los conserjes y vigilantes, tomándose muy en serio su labor, llamaron a la policía y patrullaron la zona, walkie en mano, buscando sospechosos.
Todas las pistas apuntan a que el culpable es un estudiante de informática con el cuello tatuado. Claro, no podía ser otro más que alguien con un enorme tatuaje en el cuello que diga: "Soy culpable". No, no me he pasado a la ficción: un par de testigos aseguran haberlo visto en acción e investigaciones que han rescatado del aburrimiento la vida de alguno de mis compañeros, han concluido que cuello-tatuado es el ladrón.
Inmediatamente después han llegado las acusaciones infundadas. Que si es el mismo que intentó forzar la taquilla de un profesor. Que si vende drogas a menores. Que si es aficionado a la pornografía infantil. Rumores, millones de rumores crecen en cada esquina, casi se escuchan sin la necesidad de palabras, es como un código de venganza y odio secreto que no precisa de lenguaje oral. (En medio de este tumulto de impresiones incluso me ha parecido oir a alguien asegurando estar enamorada de él, pidiendo que le dieran la oportunidad de reformarlo.)
Es por todos conocido que en situaciones adversas, la mejor defensa es la unión, y ni siquiera es una tendencia consciente, casi por inercia los afectados se agrupan porque tienen dos cosas en común: Son inocentes y luchan contra el mismo demonio. Ahora de pronto todos son complices y todos son mejores amigos, incluso aquellos con los que no he cruzado palabra en todo el año, se dirigen a mí como si fuera su mejor confidente.
Se me antoja que en este comportamiento se esconde un afán de protagonismo, en el fondo cada uno de ellos quiere ser el héroe que capturó al bandido. Todos tienen una historia personal sobre él y la cuentan como si fuera lo más excitante que les ha pasado en su vida, aunque la anécdota sea que coincidieron en el ascensor, porque en el fondo lo que quieren narrar es cómo lo redujeron cuando estaba a punto de robarle la cartera a una pobre estudiante polaca, lo dejaron inconsciente y lo entregaron a la policía consiguiendo el corazón de la extranjera. Y salieron a hombros.
En estas situaciones más que en ninguna otra, yo me siento sola. Como una marciana que acaba de aterrizar en la tierra y no entiende nada, como si fuera una especie diferente. Como si estuviera de más.

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Thursday, May 29, 2008

Write an inmate

Libre te quiero
Como arrollo que brinca
De peña en peña.
Pero no mía.

escribía Agustín García Calvo. Una oda al amor por la libertad y la individualidad que por más bello que suene, su parecido con la realidad es mera casualidad. Amar algo o a alguien es querer poseerlo.
Los deseos de encerrar a aquellos con los que estamos emocionalmente ligados para que sean siempre nuestros terminan con muchas relaciones, pero son tan comunes como los celos. Sería hipócrita decir que nunca los hemos experimentado, no me refiero al secuestro en una torre remota, sino a ese mal sabor de boca que se nos queda cuando nuestra pareja sale de copas con los amigos. Si puedieramos elegir, preferiríamos que se quedara en casa viendo Eurovisión o jugando a Grand Theft Auto. Controlar y dominar estas emociones es tarea de cada cual, pero para aquellos que no sean capaces de sobrellevar la angustia, ha nacido writeaninmate.com, una website donde prisioneros se anuncian buscando pareja. Es el match.com de las cárceles. Copio y pego algunos de los anuncios:

"I am currently incarcerated for murder, motions in court to get my time reduced. I don't mind telling anyone about my case, I was seeing a girl with an abusive ex-boyfriend, both mentally and physically. He didn't like me because I was good to her and wouldn't let him get close to her anymore. There was a physical altercation he was killed. That's really all I can say about it as I have motions in court still. I can say I am definitely not guilty of murder. I'm a very loyal person I am very close to my family and friends and I have a big heart. I am interested in writing via "snail mail" anyone who is interested in writing me.
The things I hate in life are child molesters, rapists, and ignorance. I also do not deal with dishonest people."

"Puerto Rican guy. that like reading books , about true crimes , law books , and leaning the law , writing , and talking about the world , new , weather, I also love trees, flowers ,and nature .I'm looking for a female pen pal, respectful, honest, sincere, trustworthy, reliable, and loyal. Your nationality, age, physical appearance complexion, social ,and economic status are not of concern to me , as long as you're beautiful on the inside, and show it through your actions . Photos appreciated , no Polaroids."


"I’m not in for anything weird - my crime was assaulting a man who attacked me. I get out of prison in a few years. I have a loving relationship with my family. I’m currently single and interested in meeting a friend, and if the chemistry is right…who knows.
I’m looking for someone special. I’ve never been married, but would like to be committed to the right woman. All women 30-55, all cultures, are welcome to write or email me. I promise to be sincere.

PS: Prison is a blue place…be my ray of sunshine…"

"My name is... I am 28 years old, 5'11, 175 pounds, and I've been serving time for murder/robberies since I was 17. So, for the past 11 years I've traveled a hard a lonely road to become the man I am today.
But not without paying a heavy price for the lessons I've learned, where for the experiences and knowledge that I've acquired along the way. And, even though I am a better man for it I've become somewhat of an enigma. Because you can't place me in to any one category anymore. Yet, I fluctuate between every category. That's because prison doesn't define who I am it is just where I am at this point. I much deeper then I may appear to you."

"I may have started off on the wrong foot with my ex when I laid down the ground rules. I said I'll be home when I want and what time I want. I expect a great dinner to be on the table unless I tell you that I will not be home for dinner. I'll go hunting, fishing, boozing and card playing when I want and don't you give me a hard time about it. Those are my rules, any comments! She said that's fine with me just understand that there will be sex here at 7 p.m. every night, whether you're here are not. Well now that I am single again, I used to have old aunt's come to me at weddings poking me in the ribs and telling me "you're next" they stopped after I started doing the same thing to them at funerals."

Qué lindos anuncios, qué lindas intenciones. Tras una mañana leyendo perfiles de presidiarios me ha entrado la necesidad de rescatar algún alma descarriada, de acurrucar en mi regazo a alguien carente de amor. Casi entiendo la popularidad de estas prácticas. Además de saciar los instintos maternales de protección y esa egoísta inclinación por ayudar a otros para sentirse mejor con uno mismo, la duda de que se escape con otra desaparece en estos casos, así como las preguntas repentinas: "Dónde estará ahora?"
Estas, junto con el síndrome de la hybristophilia o atracción sexual hacia personas violentas son las razones del éxito de este tipo de relaciones. Si los criminales no contaban ya con un suficiente número de clubs de fans, esta iniciativa facilita el contacto entre ellos. Sólo queda elegir y entre un conductor borracho o un asesio en serie, yo me quedo con éste último, dónde va a parar.
Pero ante todo yo, te quiero libre. Pero no mío.

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Tuesday, May 20, 2008

Guia para ligar

De mí se han dicho muchísimas cosas negativas, inmadura, irresponsable, frívola, qué sé yo, si lo peor no se dice a la cara. Alguien recientemente sugirió que como me comporto como una adolescente me pasan cosas de adolescente. No me molestó el insulto más que el contexto, pero bien visto y después de ciertos acontecimientos creo que dieron en el clavo. Mis conocidas promiscuidades adolescentes han sido durante años fuente de conversaciones de sobremesa, hasta el punto de que entre cierto grupo de amigos, cuando se produce un silencio es tradición irrumpir con la frase: "Vamos a hablar de los exnovios de Pussy". A lo que le sigue: "Os acordais de aquél..."
Las historias circulan a ritmo constante y entretienen a nuevas incorporaciones al grupo que se han ido sumando con los años, de forma que los fundadores las han transmitido como legado manteniendo la leyenda de aquella que emigró a Escocia, viva y saludable.
Y entre risas anda el juego, algunas de las anécdotas han ido perdiendo fidelidad a los hechos y han aumentado en detalles, si bien basados en alguna realidad, desproporcionados en su calidad de veraces. Hasta aquí todo es parte de una adolescencia y desarrollo precoz y avispado, sin más pretensiones que las de pasármelo bien y disfrutar de una privamera sexual activa. No tan espontáneo, sino algo más premeditado ha sido la publicación reciente de unas memorias y guía de seducción entre las que resulto formar parte integrante, objeto de estudio y análisis.
Yo sólo recordaba mi relación con el escritor en cuestión como una más, no guardo recuerdos particularmente especiales ni siquiera la colocaría en un Top 20. Puestos a hablar de números, si tuviera que puntuarle del 1 al 10, le pondría un 3, pero a mí no me gusta simplificar las cosas, reducir personas a número siempre me resultó una forma de catalogar al ser humano utilizada por personas ineptas, incapaces de relacionarse socialmente con naturalidad y que precisan de pautas y esquemas de comportamiento. Perdedores con aspiraciones de aceptación que se inventan un código para alcanzar su objetivo, quizá sea por un sentimiento de rechazo paternal durante la infancia, quizá sea porque la única forma que tienen de conseguir atención sea por medio del insulto y el abuso.
Asi que mientras yo me entretenía tomando cafés con mis amistades más cercanas, él tomaba nota de todos y cada uno de mis gestos, de mis comentarios, robando cada reacción como quien experimenta con ratas.
La primera reacción fue de verguenza absoluta, convertirme en un objeto de estudio para ligar no dice mucho de mí. Me sentí como los hombres de los que Sarah-Jessica Parker habla en su columna, como si una parte de mi pasado haya sido utilizada para algo inmoral y maligno, digamos que de pronto descubres que aquella moneda que echaste al lago cuando tenías 11 años ha acabado con todo el ecosistema de la zona. Recuerdos que para mí son resquicio de comicidad y humor convertidos en abuso contra la mujer, en sexismo putrefacto y rancio, en armas de creación de imaginarios de segregación y dominación para cierto sector que prefiere pensar que su falta de experiencia sexual es solucionable rebajando al sexo opuesto a un número del 1 al 10.
Y va y el libro vende 60.000 copias. Ahora 60.000 hombres conocen mi comportamiento adolescente. Que lo disfruten.

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Wednesday, May 14, 2008

No menciones la guerra

Mis compañeros de trabajo piensan que tengo un temperamento demasiado fuerte. Cómo lo sé es algo que no podría explicar, es quizá por alguna mirada o alguna expresión que he sorprendido por casualidad, un gesto no dirigido a mí, demasiado espontáneo, más allá del ámbito de lo controlabre del sujeto en cuestión. Y siempre después de un comentario que podría ser interpretado con malicia, o cuando utilizo un tono ligeramente brusco.
Yo no creo que mi genio sea desmedido, puede ser malinterpretado debido a un incomprendido y retorcido sentido del humor. Lo que de hecho creo es que buena parte de esta idea la ha formado el imaginario de "la mujer española" que los británicos han cultivado como estereotipo: La pasión latina, los celos, la furia, el flamenco y Carmen. En realidad soy una persona relajada, pero por alguna oscura regla cósmica, ser consciente de esa preconcepción me obliga a comportarme de esa forma. Es suficiente que una colega admita que se va de vacaciones a Benidorm para que yo comience a excederme, guiada por unos impulsos ciegos, como quien se adentra en terrenos desconocidos sin mapa ni brújula en mitad de la noche. Es como si al saber que esperan un ataque de nervios mediterráneos yo tenga que traerles el show en bandeja para no decepcionarles. Tras ellos la ola rompe en arrepentimiento, lo he vuelto a hacer, y ni siquiera es parte de mí.
He dado en llamar al fenómeno "El efecto alemán" por episodio de Fawlty Towers en que un grupo de alemanes se alojan en el hotel y Basil se empeña en censurar cualquier conversación sobre la guerra: "Don't mention the war". Por supuesto la cosa termina patas arriba, con el propio dueño del hotel repitiendo la palabra guerra compulsivamente e impersonando a Hitler. En mi opinión debería de tratarse de una condición médica, cuando creo que alguien espera de mí que actúe de una manera determinada, no puedo evitar comportarme de esa forma. El día que alguien me considere una psicópata, vagaré las calles en busca de víctimas, y entonces llegarán los problemas serios.
La parte buena es que bajo estas leyes, mi mala leche tiene justificación, y como todos esperan y saben que soy de tendencias violentas nadie se escandaliza ya con ninguna de las barbaridades que me atrevo a decir. En realidad la culpa es de ellos por crear estereotipos nacionales. El caso es que a la hora de sustituirme para el almuerzo nadie llega tarde, y si lo hacen se dehacen en disculpas y perdones.

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