Thursday, May 15, 2008

Wat a wonderful day! - Philip Eddolls

Un bonito cuento animado para niños

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Wednesday, May 14, 2008

No menciones la guerra

Mis compañeros de trabajo piensan que tengo un temperamento demasiado fuerte. Cómo lo sé es algo que no podría explicar, es quizá por alguna mirada o alguna expresión que he sorprendido por casualidad, un gesto no dirigido a mí, demasiado espontáneo, más allá del ámbito de lo controlabre del sujeto en cuestión. Y siempre después de un comentario que podría ser interpretado con malicia, o cuando utilizo un tono ligeramente brusco.
Yo no creo que mi genio sea desmedido, puede ser malinterpretado debido a un incomprendido y retorcido sentido del humor. Lo que de hecho creo es que buena parte de esta idea la ha formado el imaginario de "la mujer española" que los británicos han cultivado como estereotipo: La pasión latina, los celos, la furia, el flamenco y Carmen. En realidad soy una persona relajada, pero por alguna oscura regla cósmica, ser consciente de esa preconcepción me obliga a comportarme de esa forma. Es suficiente que una colega admita que se va de vacaciones a Benidorm para que yo comience a excederme, guiada por unos impulsos ciegos, como quien se adentra en terrenos desconocidos sin mapa ni brújula en mitad de la noche. Es como si al saber que esperan un ataque de nervios mediterráneos yo tenga que traerles el show en bandeja para no decepcionarles. Tras ellos la ola rompe en arrepentimiento, lo he vuelto a hacer, y ni siquiera es parte de mí.
He dado en llamar al fenómeno "El efecto alemán" por episodio de Fawlty Towers en que un grupo de alemanes se alojan en el hotel y Basil se empeña en censurar cualquier conversación sobre la guerra: "Don't mention the war". Por supuesto la cosa termina patas arriba, con el propio dueño del hotel repitiendo la palabra guerra compulsivamente e impersonando a Hitler. En mi opinión debería de tratarse de una condición médica, cuando creo que alguien espera de mí que actúe de una manera determinada, no puedo evitar comportarme de esa forma. El día que alguien me considere una psicópata, vagaré las calles en busca de víctimas, y entonces llegarán los problemas serios.
La parte buena es que bajo estas leyes, mi mala leche tiene justificación, y como todos esperan y saben que soy de tendencias violentas nadie se escandaliza ya con ninguna de las barbaridades que me atrevo a decir. En realidad la culpa es de ellos por crear estereotipos nacionales. El caso es que a la hora de sustituirme para el almuerzo nadie llega tarde, y si lo hacen se dehacen en disculpas y perdones.

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Tuesday, May 13, 2008

Harry Palmer

My name isn't Harry, but in this business it's hard to remember whether it ever had been. - The Ipcress file, Len Deighton

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Cámara a ras de suelo y planos en que el punto de mira está marginalizado en un vértice, asfixiado por la presencia en un primer plano de un hombro o una mesa me hicieron pensar que el cámara era quizá de pequeña estatura. Harry Palmer fue una respuesta realista al agente James Bond protagonizada por mi Michael Caine, un estraperlista del mercado negro berlinés al que se le ofrece la posibilidad de convertirse en espía en lugar de ir a la carcel. Ni siquiera un profesional por vocación, Harry luce enormes gafas de pasta y más que acción, su trabajo se ve enredado por labores burocráticas y no cesa de pedir un aumento de sueldo. Es el espía de la clase obrera, por lo que ninguna de los 3 películas rodadas con el personaje gozaron de popularidad entre los fans del género.
Mientras Gran Bretaña iniciaba una etapa laborista, el argumento de The Ipcress File (Sidney J Furie, 1965) flirtea con las nuevas concepciones acerca de la culturización de las clases trabajadoras y los roles sociales. Ver a Mr Caine cocinar me provoca algún que otro suspiro. También se deja influir por la estética psicodélica, cuando Palmer es torturado, luces, planos y música desbordan distorsión y vanguardia.
Pero ante todo lo que me fascina es el interés por la realidad, esa misma que se convertirá en primordial a lo largo de la historia del cine insular, esa preocupación por desmentir tópicos y glamoures, que conducido por mi Michael resulta más creíble.

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Monday, May 12, 2008

A dios rogando

Mi camello descubrió a dios hace tres semanas. Yo al principio pensé que se trataba de un mal viaje temporal y se le pasaría en un par de dias, pero no ha sido así y si la culpa la tiene el smack, las repercusiones parecen ser de a largo plazo. Ya no cuenta historias divertidas de cómo consiguió escapar de la policía en bicicleta, ahora vende drogas con mensaje, habla de dios y de sus planes de salvar Africa: "El cambio climático va a acabar con ese continente", dice apuntándonos con el dedo, de pie en el centro del comedor, mientras nosotras lo miramos desde el sofá, donde estamos recostadas. "Y sin embargo el norte de Escocia está desierto, las Highlands son un terreno enorme y vacio. Mi idea es traerlos aqui y darles una caja de cerillas, ellos no necesitan más para vivir".
Ante este tipo de circunstancias siempre me planteo las dos opciones de reacción posibles: por un lado quiero sacudir su fantasía con una bofetada de realidad, quiero decirle que su teoría no tiene donde sostenerse, quiero gritarle, para ver si sale un poco de sentido común. Pero normalmente adopto la otra opción, la de asentir a todo y animarle con su lucha. Al fin y al cabo todo lo que tiene son buenas intenciones, ya bajará del árbol cuando sus cartas a Gordon Brown obtengan la misma respuesta que mi carta de amor infantil a Michael Laudrup. Porque eso es lo que tiene planeado, siguiendo los consejos de su mentor espiritual, va a entrar en comunicación con las altas esferas políticas via correo, "Y si no, le mandaré un mail".
Probablemente en su cerebro alcanzar el status de personalidad pública es tan fácil como convertirse en el mayor dealer local. Si ha conseguido cierta relevancia en el barrio, conquistar la nación es coser y cantar: "Todo funciona a a base de contactos, y yo conozco a mucha gente". Y no miente, es impresionante la rapidez con la que consigue cualquier cosa. El otro día le pedí un casco para bici y en menos de una hora lo tenía en casa con dos para que eligiera el que más me gustara, chalecos reflectantes, baterías de moto, reproductores de DVD y mixers. Nombren cualquier disparatado objeto, es como un FNAC de piezas robadas.
Lo que me preocupa son los límites: "Seré recordado como el hombre que salvó Africa." Y al decir esto mira al horizonte y yo lo visualizo con una túnica blanca y la corona de laurel sobre la frente, como Perón. Ayudar gente es un gesto inútil en el caso de sus aspiraciones, pero bello. Los delirios de grandeza y poder son algo más alarmantes, a saber hasta donde llegan sus visiones de poder y conquista, Africa primero, Asia después.
Y mientras todo esto pasa por mi cabeza, me hundo aún más en el sofá. Quizá lo vote como presidente.

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Wednesday, May 07, 2008

Spider - Nash Edgerton

It's all fun and games until someone loses an eye...

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Tuesday, May 06, 2008

Mafia

A todos nos gustaría ser Michael Caine. Aunque solo fuera por un día, a quién no le tentaría lucir un traje chaqueta negro y relucientes zapatos del mismo color, conducir un deportivo oscuro y esconder una pistola en la guantera. Con una voz entre desprecio y falta de respeto por la vida, repetir: "My name is Jack Carter" y sonreir entre la complicidad y la convicción de saber algo que nadie más sabe.
La fascinación por los negocios turbios es tan británica como los brownies y el glamour del gangster que cuenta con dinero, poder y mujeres es un estereotipo que el cine isleño ha retratado generosamente. Desde Brighton Rock pasando por The Long Good Friday hasta Gangster No. 1, la figura del matón es algo más cruenta de lo que papá América le permitió a sus audiencias. Asesinos despiadados de punta en blanco son los modelos de una sociedad cuyos niveles más bajos alberga réplicas despojadas de la elegancia celulóidica. Lo que permanece en el poso esperando la lectura futura es el sadismo.
Las drogas y los artículos robados son el negocio accesible para todos los wannabe gangsters que emulan la vida de los ídolos de la pantalla. Lo primero es hacerse con un séquito de adolescentes que sueñan con ser parte de ese círculo criminal de acceso directo a una vida Scarface. Chicos que te harán los recados, y que serán más fieles cuanto peor trates. Jovencitos que mandar a Amsterdam a recoger una carga de éxtasis, que roben piezas de motos y bicis por poca comisión a los que hay que conservar en deuda constante, para que en situaciones límites no revelen tu nombre.

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Amistoso pero distante, hay que permanecer al día de las necesidades de la comunidad, porque sus carencias supenen tus futuros ingresos. Y mientras tu lista de contactos goce de buena salud, el sexo es coser y cantar. Tantas adicciones y tan pocos proveedores, se hace cualquier cosa por mantener el grifo abierto.
Mi vecino el de los perros está en libertad. Me lo encontré por casualidad en el portal, cargando cajas en un jeep y me presentó a su "nueva chati". Dijo que lo había dejado con Irene, que estaba harto y cuando le pregunté dónde se transladaba eludió la pregunta. Dos y dos son cuatro, y para haber salido de la cárcel habrá tenido que dar nombres. Nombres de gente del barrio, de vecinos que si lo ven de nuevo van a querer romperle el cuello. Así que el negocio ha pasado al piso de arriba, y Douggie, el desdentado que se encargaba de las listas de la compra parece controlar el negocio. Su labor anterior era conseguirte la comida de la semana por la mitad de lo que te cuesta en el super. Le das la lista y esa misma noche tienes las bolsas de artículos (robados) con un recibo a mano por el servicio. Me pregunto si cuando soñaba convertirse en mafioso se le ocurrió que tendría que pasar por tales tareas, el caso es que pronto me lo imagino diciendo aquello de Say hello to my little friend.

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Thursday, May 01, 2008

Jisatsu saakuru (Suicide Club) - Sion Sono

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Una epidemia de suicidios se extiende como el terror a un ataque terrorista en Japón. Comienza con 54 colegialas saltando a las vías del tren y como una plaga, más y más jóvenes se unen a la tendencia. Los adolescentes son solo adolescentes, en sus burbujas de mensajes de texto, i-pods y grupos de pop que idolatrar, un universo paralelo al adulto, con un lenguaje codificado.
A la publicación de Werther de Goethe en 1774 le siguió un elevado número de suicidios de personas que tras leer la tragedia quisieron imitar al personaje: Sentados ante un escritorio y vestidos con abrigo azul y chaleco amarillo, se reventaban los sesos debido a un posible mal de amores. Por esta razón en varios paises se censuró el libro. Admiración o moda, el suicidio como la gripe, se contagia, y al fenómeno se le dió en llamar Efecto Werther. Marilyn Monroe y Kurt Cobain entre otros han motivado la marcha de muchos que deciden dar fin a sus vidas por razones más bien erróneas.
Suicide Club (2002) justifica el paso final con bellos pretextos de conexión con uno mismo y con los demás, una verdad secreta en manos de los jóvenes que permanece al margen del entendimiento de los adultos. La misma incomprensión que sentimos cuando terminamos de ver el film, el mismo vacío.

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