Wednesday, May 27, 2009

A Silvio

De pequeña mi madre me decía que si un señor me ofrecía caramelos o gatitos a cambio de que lo acompañara, saliera corriendo a decírselo. Mi imaginación no estaba lo suficientemente corrupta como para valorar las consecuencias, o quizá mi inteligencia era tan limitada ni siquiera me cuestionaba el porqué del consejo de mi madre. Un temor paternal extendido, yo solo puedo imaginar, que tus descendientes sean raptados por un pervertido y sometidos a sus retorcidos caprichos. En esto reparaba yo esta mañana, cuando releía las últimas andanzas de ese enamorado de las carnes juveniles, amigo de la adolescente inocencia, ese ejemplo a la tercera edad que es Berlusconi. Silvio sufre delirios de emperador romano y cuando se mira al espejo por las mañanas se visualiza a sí mismo con una túnica y una corona de laurel, y así, con la barbilla en alto dice en tono afeminado: “Que me traigan todas las vírgenes de la Lombardía. Las tomaré todas antes del almuerzo.”
Ha de ser un estado mental. No es que le importe tres cojones la opinion pública. Es que sus tendencias caligurianas de poder son tales que se piensa por encima de ella. Su figura no se puede ver perjudicada porque ni siquiera tenemos derecho a opinar sobre lo divino, o sea, EL.
El caso es el siguiente, si yo llegara a mi casa esta noche, y le dijera a mi santa madre: “Mamá, te presento a mi nuevo novio” y de detrás de la puerta surgiera Silvio Berlusconi, la pobre mujer se iba a decepcionar mucho. Y seguro que pensaría que a este tipo de personajes se refería ella cuando hablaba de golosinas y gatitos.
Lo cierto es que si siempre hubiera seguido los consejos de mi madre no tendría ni la mitad de la experiencia que tengo hoy, pero no todo va a ser rebeldía contra la protección paterna. Y es una pena que los padres de Noemi Letizia, la modelo en su decimooctava primavera que le ha causado al Il Presidente el revuelo mediático que nos ocupa, no sean como los mios.

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