Monday, May 14, 2007

Colas



La cola del supermercado Tesco no era ni larga ni corta, era una cola standard de unas 8 personas en línea recta para los tres cajeros disponibles. Un frigorífico a lo largo del pasillo te congela los pies mientras esperas y expone salsas varias y diversos tipos de lechuga. Detrás de mi, un varón de mediana edad, delgado y curtido. Se me ocurre que la salsa picante sería un dip perfecto para los nachos que ya había incluido en mi carrito, así que avancé un paso en direccion al frigorífico, desviándome medio metro de la cola para alcanzar el tarro rojo. Cuando me giro, el caballero en cuestión, ha apartado mi carro y en un rápido giro ha ocupado mi lugar. Le digo: "Disculpe, pero estoy aquí, no me he ido". A lo que él responde violentamente: "Lo siento, has perdido tu puesto en la cola". Mi primera reacción no sorprendería a cualquiera que me conozca. Solté una sonora carcajada y dije: "Es usted un tanto joven para comportarse de esa forma. Yo esto solo lo asocio con la tercera edad." Me incorporé detrás suyo en la cola y hasta que le llegó el turno no dejó de propiciar quejas, excusas y lamentos. Que claro, que usted debe de ser estudiante pero yo trabajo en una hora y tengo mucha prisa. No, no soy estudiante, le dije. Y aun me tengo que afeitar y duchar. Pues sí que es importante salir de casa aseado, continué yo. Que una chica como usted seguro que anda mejor de tiempo que yo. A esta no le contesté porque no entiendo el razonamiento.
Yo aboliría las colas. Utilizaria otras técnicas, como "quien ponga el codo antes", "quien se haga oir mejor", un simple sorteo, o nos lo jugamos a las canicas, pero permanecer de pie sin hacer más que esperar, acaba con mis nervios y con mi naturaleza inquieta.
Aún hay una cosa más fea que quedarse estancado en una cola, y es que te toque un conversador al lado. El calor, el gobierno y el hay que ver qué lentos van. El libro que llevo siempre en el bolso es mi gran aliado en estas situaciones.
Pero para tales fobias, escogí para vivir el pais menos comprensivo: estos británicos llegan a disfrutarla de tal forma que ahora a la cola se la llama cultura, y se la respeta como tal. Pronto pedirán que sea protegida por la Unesco. Colas en el banco, colas en el cajero, colas en el supermercado, colas en el horno, colas hasta en la parada de taxis y lo que es peor, en la del autobús, aunque se vayan a coger números diferentes. Hay incluso formas correctas y comportamientos a evitar a la hora de encolar. No se vayan ustedes a creer que hacer cola es algo sencillo, no, es un tema serio, y requiere concentración. Uno no se puede posicionar ni muy cerca de la persona que lo precede, ni muy lejos, porque entonces enrabietará a los que estan situados detrás de usted. Es recomendable situarse a 180 grados y no desviarse sobresalientemente de la línea, cuanto menos se explore los flancos, mejor. Hacer cola consiste en saber cuándo es el momento adecuado de avanzar unos centímetros; la actitud ha de ser abstraída pero accesible. Eviten siempre que puedan el uso de i-pods, ese artilugio del diablo les distraerá en la perfecta elaboración del arte colativo y lo que nunca, NUNCA ha de hacerse es utilizar la cola para terminar de retocar la finalidad de la misma: Es decir, dejar el carro en la cola mientras termina de recolectar los últimos artículos que le queden, o rellenar el impreso que ha de entregar en ese momento. Garantizo que, una vez llevadas a cabo estas secillas reglas de forma pertinente, la recompensa puede llegar a ser áltamente satisfactoria. Sin ir más lejos, esta mañana en el autobús escuchaba la conversación entre dos colegialas que se apelotonaron el pasado lunes en la puerta de Topshop para ser las primeras en comprar la ropa de la colección de Kate Moss. Una le decia a la otra: "La ropa no vale nada, pero la cola fue divertidísima".
Mi mayor frustración es que cuando me llega el turno de ser atendida tras una eterna cola, mi consulta es cuestión de segundos. Horas de espera contemplando cómo los afortunados a los que le ha llegado el turno entretienen al funcionario o dependiente durante sendos intervalos de tiempo, y yo soy despachada en un momento. Me gustaría tener un funcionario de ventanillas para mi sola una mañana entera y acribillarle a preguntas complicadas y a quehaceres laboriosos mientras miro como la cola detrás de mí va creciendo en longitud. Aún no lo he conseguido.

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13 Comments:

At 11:29 AM, Blogger Higronauta said...

En vivo debe resultar tremebundo, pero acostumbrado a las colas españolas, suena glorioso. Y es que en este país, las colas son una anarquía total y absoluta, donde el cliente suele acabar perdiendo los nervios diez de cada diez veces.

Un servidor lo que propondría son colas categóricas: una para gente mayor de 60 y sus consabidos intentos de colarse poco-nada sutiles, entre otras puñeterías varias. Otra para ese personal que deja el carro nada más llegar en la cola y se recorre todo el local comprando (sería una especie de tren de autolavado donde el carro iría avanzando solo mientras se podría ir llenando). Una para no habladores (pazzzzzz). Otra para...


Y sobretodo, inventaría un sistema donde las (siempre) señoras puedan volcar todo el monedero y una máquina se quedara con el importe, devolviendo el cambio. Hartito ando de los clásicos volcados del monedero en el mostrador y cuenta de monedas, una a una, hasta llegar al precio total. (Dudeo si esto pasa también por tierras británicas...).

 
At 12:07 PM, Blogger Markitos said...

Yo desde las colas de la Expo de Sevilla, estoy curado de espanto.

Eso si, las eliminaría, y más con viejecitas cabronas y marujas (esas que no hacen nada y tienen chacha) que siempre se cuelan y cuando las dices algo te llaman maleducado. Al menos cuando de un codazo mandé a una señora a su sitio, tenía motivos para insultarme.

Que gustazo. el terror de las viejas

 
At 1:23 PM, Anonymous noemi said...

Para no hacer escenas tremendas de rabia, he optado por llevar algún libro cuando voy a hacer colas. Acá las que son INFERNALES son las de los bancos. Especialmente insoportables se me hacen los niños que se empiezan a desesperar y los respectivos padres, ansiosos, gritones y controladores. Empiezo a odiar a los cajeros, a los que les veo siempre cara de retrasados mentales, mal rollo de mi parte.

 
At 1:36 PM, Blogger PacoclavelbarraDivine said...

El larriano vuelva usté mañana también sucede en tierra albionesa? lo de la cola Española se materializa especialmente en los DIA. En ellas uno tiene material para chorricientas tésis doctorales, porque en esos antros de consumo white trash las colas son de otro mundo pertenecen a una dimensión alternativa donde se concentra todo lo chungo...

 
At 4:21 PM, Blogger Enrique Ortiz said...

jeje, white trash, pacoclavelbarradivine. La verdad es que las colas de los DIA son insoportables, más que nada, porque no tiene mucho interés el carrito del vecino, que suele ser como el tuyo. Por eso los dejé. Bueno, venía a contar dos cosas: una, que cuando vine a Madrid me llamó la atención que en cuanto había dos personas se formaba un cola y aquí también se hace cola para casi todo. Dos, que un amigo, y gran poeta, proyectó un libro que se llamaba El hombre de la cola. Nunca consiguió llegar el primero a matricularse en la carrera, incluso madrugando locamente: siempre había alguien delante. Mú kafkiano. Un beso, Sra. Pussy. Gran post.

 
At 4:28 PM, Anonymous Dr Zito said...

Cada vez aguanto menos las colas.
Huyo sistematicamente de los viejunos, porque indefectiblemente vuelcan el monedero, como bien ha observado Higronauta.
Y en el aeropuerto, ya ni le digo. En tiempos preteritos, cuando nadie habia cogido un avion en su vida lo podria entender, pero ahora, que ha volado hasta el tato, me desquicia que la gente espere justo hasta al final para sacar el pasaporte o despullarse. Aficionados!
Mi pastilla contra el elitismo!

 
At 5:53 PM, Blogger Aura said...

Yo tengo la teoría de que al final harán hasta negocio con las colas. Imagínese, en el rato de espera en la cola de unos grandes almacenes a uno le pueden cortar el pelo, traer un cocktail o incluso abrillantarle los zapatos...

Lo veo venir.

 
At 6:57 PM, Blogger The Big Kahuna said...

¿Y nunca les ha pasado eso tan típico de llegar a un lugar en el que hay una cola muy larga, ponerse el último y ver cómo la cola va avanzando sin que NADIE se ponga detrás de uno? O sea, que lo normal es ser el último cuando llegas, pero a medida que avanza la cola tus antecesores van siendo eliminados mientras que detrás de ti deberían ir añadiéndose nuevos individuos en espera. Y sin embargo no sucede. Es como si en realidad no hubiera una cola strictu sensu, sino que eres tú el que ha llegado en el PUTO PEOR MOMENTO. Y dices joder, llevo diez minutos esperando y sigo siendo el último, podría haber venido en este instante y habría esperado diez minutos menos. A mí eso me pasa siempre, no sé por qué, es uno de mis grandes traumas.

 
At 8:08 PM, Blogger serch!!! said...

Ufff tema delicado el de las colas. Está demostrado, en el Pryca de mi barrio(ahora llamado Carrefour) da igual en que cola de la caja te pongas: las de ambos lados iran más deprisa que la tuya seguro y cuanto menos tengas que comprar más te tocará esperar, es la Ley de Murphy.

Por no hablar de cuando vas a una discoteca y falta poco para que llegue la hora en la que te cobran entrada o el precio de esta se encarece. La cola pasa a convertirse en una avalancha humana con empujones y enganchones varios.

 
At 2:31 PM, Blogger Cayetana Altovoltaje said...

Yo hace tiempo que no tengo reparos en echarle la bronca a cualquier vieja que quiera colarse. Recuerdo con cabreo cómo lo hacían con todo el descaro las muy viejunas cuando de pequeña me mandaba mi madre a la compra. Los peores cueles tenían lugar en la pescadería, pero el pescadero siempre me hacía caso porque mi madre siempre ha sido muy buena clienta.
Mi gran cuele lo llevé a cabo en la cola para los Museos Vaticanos. Entiéndanme: era mi último día en Roma y me daba vergüenza irme sin ver la Capilla Sixtina. La cola llegaba hasta la plaza de San Pedro. Mi prima y yo nos pusimos al acecho y, cuando vimos a un grupo de asiáticos (nunca protestan, son demasiado respetuosos), nos mezclamos con ellos. Por algo siempre me dicen que parezco china, caray.

 
At 4:04 PM, Blogger Luxvica said...

Eso es porque no conoces las colas cubanas, hay colas para hacer cola!
Hay todo un negocio alrededor de las colas, y digo colas refiriendome a filas de personas y no culos.
A veces me sorprendo por lo poco civilizados que son en esta parte de Europa para hacer cola, no conocen el protocolo esencial para mantenerse en su lugar y quieren siempre tomar el tuyo como si en ello se les fuera la vida..o el autobus.

 
At 5:14 PM, Blogger Nacho said...

Lo de las colas es un anacronismo.... tan antiguo... yo imagino que lo que tendria que existir es una especie de cesta inteligente que te vaya sumando lo que le eches y cuando salgas pases tu tarjeta con todo sumado a la salida del supermercado. Algo asi. Si. Pero aun somos antiguos.

 
At 6:30 PM, Blogger 1977 said...

La de colas que me tragué cuando era cani... ¡Colas de cine, pervertidos hijos de puta! ¡De cine!

 

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