Thursday, March 05, 2009

Dia de la Dona

Vale que nunca fui de las más radicales. Como mucho, un par de semanas antes del Dia de la Dona dejaba de depilarme y me compraba una camiseta de tirantes que utilizaría en la manifestación. Más interesada en el rendez vouz y el jolgorio que en el mensaje en sí, entre cervezas, chillaba de camino al Ayuntamiento:

"Rita, sin fobias, saca ya a tu novia!"

para acudir después al lugar en el que mi pareja del momento me estaba esperando para recogerme y llevarme a casa. Un año, mientras gritaba en la protesta entre amistades punkis, un policía en servicio me reconoció, era un compañero de la universidad y vino a saludarme. Me quise morir.
No es una gran contribución al movimiento, pero eso es lo que el día internacional de la mujer significa para mí, un día de expresión y unión.
Hoy me ha llegado esto via mail:


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Por £20, ahora puedes celebrar el día de la mujer haciéndote la manicura y descubriendo los secretos del maquillaje, cómo disimular esas arruguitas, y de unos consejos estupendos de como despedirse, de una vez por todas de las pistoleras.
Creo que las británicas perdieron parte del mensaje. Estarían demasiado ocupadas limándose las uñas.

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Monday, February 23, 2009

Desnudos de terror

El FrightFest londinense se hizo un hueco en el mercado del terror escocés hace ya un par de años durante el Festival de Cine de Glasgow. Trajeados y afeitados, los organizadores emprenden su viaje al norte con sus promesas de camisetas y posters y cargados con una colección de títulos sólidos y de estreno. Producciones oportunistas que a vistas de la popularidad del terror, ofrecen un género sano y aceptable, de los que se puede presentar hasta en las bodas de las mejores familias. Unas películas que puedes ver con tus padres sin sentirte incómodo. Y eso, queridos amantes del terror, es un error. El panorama del miedo está, como la economía, en crisis y lo sé porque durante dos días de género, el único desnudo que he visto ha sido el de una zombie tras ser violada (Deadgirl, Marcel Sarmiento).
Si un día el terror fue el género subversivo de minorías dispuestas a pasar una hora y media disfrutando con sangre y desnudos, el mundo de hoy distribuye comedias con vampiros, fantasmas que aún no han nacido y chicas vírgenes con vaqueros. Una tendencia que contrastada con la moda televisiva de striptease colectivos es cuanto menos sorprendente. Por un lado, películas de terror de chicas flacas Beverly Hills a las que no se les ve más allá del escote, y por otro programas como How to look good naked o simplemente Naked, orientados a la audiencia lectora de publicaciones como Heat, que disfruta viendo fotos de la celulitis de Lindsey Lohan.
Mientras el terror se reforma para acercarse al mainstream y apetecer a audiencias Dan Brown, producciones de sobremesa adoptan y revisten tolerancia de culos y tetas, siempre y cuando tengan la finalidad de la mejora de la seguridad personal. En pelotas si y solo si el objetivo es terapéutico y sirva para aumentar la seguridad personal de los desvestidos. Profesionales del gremio de la enfermería desnudos, gordos desnudos, adictos a las dietas desnudos, y todo un sinfín de personalidades que enseñan sus verguenzas a la cámara a cambio de un poco de aceptación, una aceptación que se empieza a vetar en el cine de terror, porque se interpreta como explotación. La conclusion es que si los pechos son redondeados y apetecibles no pueden ser enseñados, pero culos con sobrepeso pueden aparecer acompañando nuestros cafés de media tarde.
A pesar de esta ausencia de carne, el Frightfest brilló con la proyección de Grace (Paul Solet), un bonito cuento que ha confirmado mi rechazo al embarazo para siempre. También lo hizo con The Unborn, cuando Odette Yustman se paseaba por la pantalla con sus braguitas blancas de algodón.

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Wednesday, July 11, 2007

Bragas

“Hagas lo que hagas, no te quites las bragas”, decía mi querida Rotten. Y yo sus consejos los sigo a piesjuntillas, de hecho, como he confesado en el post anterior, la siesta la duermo en bragas (ni de esparto, Markitos, ni de color carne, como sugiere el Zurdo. La ropa interior, siempre liso negro carbón). Con principios tan estrictos ciertos hallazgos me sacan los ojos de las órbitas.
Y es que a duras penas, el verano a llegado a la ensombrecida Escocia y basta un raquítico rayito para que todos salgamos a la calle con las gafas de sol. Yo me dedico a pasear, colina arriba, colina abajo desde el trabajo hasta casa, una hazaña que le quita una hora y media a mi día, pero que se ve recompensada con sorpresas como la que me esperaba hoy dos manzanas antes de mi hogar dulce hogar.
Yo camino incansablemente, otros ven en el buen tiempo la oportunidad tanto tiempo esperada de utilizar las calles con otros fines. O si no, díganme ustedes, qué hacen estas espantosas bragas de leopardo en medio de la calzada, junto a un edificio en obras.
Si empiezo a imaginar corro el riesgo de superar la realidad. Y eso, señores míos, sería una lástima.



Aqui incluso me atreví a acercarme tímidamente:



Chicas, quemad vuestras bragas!

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