Tuesday, March 27, 2007

El placer del terror

Las estanterias de los videoclubs rebosan de carátulas sangrientas, las taquillas se disparan en cuanto se pasa un film de terror, las webs y blogs sobre el género crecen a diario y reciben millones de visitas. Después del porno, es el cine que más seguidores tiene… pero cuando le preguntan a cualquier vecino cuál es su tipo de cine favorito, en el 90% de los casos les dirá: la comedia, la acción, las románticas. Y sin embargo, Viernes 13 llegó a tener diez entregas, mientras que Los puentes de Madison sólo una. Dónde se meten los verdaderos fanáticos, y sobre todo, qué es lo que tiene la violencia que nos atrae tanto? Y es que les gusta pasar miedo, no me digan que no, ustedes, que se desviaron del camino de la Salvación en el momento que comenzaron a leer este blog; si no lo hicieron antes. Reconózcanlo, no hay nada de qué avergonzarse, los que preferimos ver unas cuantas cabezas rodando antes que el drama de una madre muriendo de cáncer, somos también personas con sentimientos.
En mi caso, la justificación que me aplico a mí misma para disfrutar de las salpicaduras de sangre es la misma que la que utilizan los fans del cine fantástico: Escapar del mundo que nos rodea, de la realidad cotidiana. La violencia está tan lejos de mi forma de vida que es casi fantasía. Tampoco me tomen por Lady Di, en más de una ocasión lo que ha hecho que me parase los pies antes de dar una bofetada ha sido mi condición de mujer. Si hubiera nacido varón, estoy segura que me hubiese visto envuelto en más de un altercado, lo que demuestra que la naturaleza es sabia. Con esto, cualquier freudiano encontraría en mi pasión por el cine de terror el desencadenamiento de una frustración no superada, la envidia del pene y el complejo de Electra.

Esa es mi excusa, pero he oido muchas y muy variopintas: Algunos dicen encontrar sus problemas personales menguados tras ver una slasher, otros necesitan del descargue adrenalínico. Según el doctor Leon Rappoport de la universidad de Kansas (ejemmm…), el placer por el miedo tiene la misma raiz que disfrutar de las atracciones de feria. Según Rappoport, es humano explorar los límites hasta los que somos capaces de soportar el terror. En nuestra sociedad altamente civilizada, el hombre ha perdido su naturaleza salvaje, que es la que se manifiesta cuando nos regocijamos ante corazones palpitantes e intestinos esparcidos. Yo recuerdo la primera vez que comencé a ver La semilla del diablo, debería de tener 7 años. Mis padres me mandaron a la cama 20 minutos después de que el film comenzara, y recuerdo estar tan enganchada, que no cerré la puerta de la habitación y me quedé arropada y despierta, escuchándola hasta que acabó.
El terror, como cualquier otro género, tiene sus propios códigos y constantes, y siempre son los mismos. Sabemos que el protagonista no va a morir a mitad película, pero eso no hace que sigamos sufriendo cada vez que entra en conflicto con el mal. No es eso lo que hace del cine de terror algo especial. No, es su calidad de desafiar las reglas convencionales del acto de ver una película: El protagonista no va a morir a mitad de cinta, pero es posible que lo haga al final. Me atrevería a decir que si es un terror serio, el personaje central ha de morir o ser castigado. Otros ejemplos que subvierten los códigos cinematográficos: las mujeres no son antagonistas, se convierten en heroinas, en guerreras; los niños pueden perecer. No hay nada como una peli que te sabe dejar un mal cuerpo.
Luego tenemos los detractores, los retrógrados que como éste ven en el género el culpable de ciertos comportamientos violentos en los jóvenes. Si eso es cierto, entonces la Biblia debería estar prohibida, la cantidad de crímenes cometidos en nombre de dios!

10 Comments:

At 9:00 AM, Blogger Enrique Ortiz said...

Poco sé del género, Sra. Pussy (prometo ponerme al día) pero esta reflexión me ha encantado:

"...es su calidad de desafiar las reglas convencionales del acto de ver una película: El protagonista no va a morir a mitad de cinta, pero es posible que lo haga al final. Me atrevería a decir que si es un terror serio, el personaje central ha de morir o ser castigado. Otros ejemplos que subvierten los códigos cinematográficos: las mujeres no son antagonistas, se convierten en heroinas, en guerreras; los niños pueden perecer."

Cuántas pelis (no de terror) se habrían salvado o mejorarían con atenerse, simplemente, a este código. Muchas, muchísimas. Un beso, Sra. Galore.

 
At 10:51 AM, Blogger Higronauta said...

El terror, bien realizado, es un elemento subversivo por su condición libertaria, ya no sólo por ese desafío a las reglas que usted comenta, si no también por la bofetada intrínseca que produce en las mentalidades limpias, claras y bienpensantes (ergo hipócritas).
A parte, se trata de un género visceral (y no sólo por la cantidad de tripas mostradas en pantalla) que ataca directamente allí donde la razón no consigue llegar (Como dijo aquél, el sueño de la razón produce monstruos), conformándolo en ese parque de atracciones que menciona el docto. Un viaje a lo más recóndito de nuestra propia mismidad, vamos.
Así mismo, el buen cine de terror sigue siendo un terreno harto marginal (no sólo por la cantidad de visionadores, si no también por su escaso presupuesto en buena parte de los casos), cosa que facilita su trabajo y cultivo dentro de los parámetros antes establecidos: la libertad, la rotura de normas, la visceralidad, la innovación... y es que, si me paro a pensarlo, sin terror, muchos de los otros géneros mucho más populosos, no hubiesen sido lo que han sido. Para bien o para mal, que conste.

 
At 11:20 AM, Blogger Cayetana Altovoltaje said...

Ah, claro, a mí también me encanta que se muera la chica que no para de gritar. La mataría yo misma en la mayor parte de las ocasiones.
Supongo que el éxito de las pelis de terror radica en lo mismo que en las de porno, ¿no?, en que apelan a las emociones más básicas e incontrolables, y a la vez las que más vivos nos hacen sentir. La excitación y el miedo se parecen bastante.

 
At 11:26 AM, Blogger El Gran Chimp said...

Térror, Jórror y Pávor. No es que sea un subgénero ni un género, no es EL GÉNERO. Vive Dios que sin ello no habría cine.

 
At 11:54 AM, Blogger Markitos said...

Es como la gente que se traga los programas de cotilleos y telenovelas. La gente busca aquello que le divierte o falta en su vida: matanzas múltiples, lios de faldas, montarte un trio con dos mulatas....

En los años 50, hubo un psicólogo que escribió un libro que decía que los tebeos llevaban a los jóvenes a la droga, robar, asesinar, al sexo. Hay dementes y detractores en todos lados, géneros y épocas.

 
At 1:12 PM, Anonymous toby said...

Amor de mi vida, cielo mío, tú encandílame con los escalofríos y me tendrás aquí con la lengua mojándote las partes que más cosquillas te hagan.

Como el mongólico troglodita que linkeas los hay a millares en estados como Florida o Utha, y es una suerte que los acólitos retardados de éstos son lo únicos que hacen caso de tan necia y obsoleta rabieta de pobres e impotentes infelices. A mi ya me dan hasta lástima.

Por fin una mujer adoradora de los terrorcillos y la violencia deja claras las cosas: “envidia de pene y complejo de Electra”.

No cambies nunca, sol.

 
At 2:51 PM, Blogger Aura said...

Querida yo me pongo a ver la cartelera del multicines y casi cualquier peli me da más terror que una de miedo.
Y es que ante según que monstruos Dracula es un ser de lo más simpático :)

 
At 7:15 PM, Blogger 1977 said...

Cómo echo de menos el terror de los 70 y los 80...

 
At 7:25 PM, Blogger 1977 said...

Tu anécdota de La semilla del Diablo me hace evocar esas noches de los lunes de principios de los 80 cuando Chicho nos dió a conocer sus terrores favoritos. Me encantaba pasarlo mal, y es que de chaval el cine de terror me daba muchísimo miedo, que se manifestaba incluso físicamente. Pero me atraía irremediablemente. Y cuando llegaban las escenas chungas no me tapaba los ojos. Menuda gilipollez perderte lo mejor, nunca he comprendido a los que hacen eso. Cuando ví No profanar el sueño de los muertos de Jorge Grau no pude dormir en toda la noche, me quedé literalmente paralizado en la cama, aterrado ante la idea de moverme y delatar mi presencia a un posible zombi. Me hice pis encima, conscientemente. Se iba a levantar a mear su puta madre.

 
At 12:42 PM, Blogger Ender said...

estoy de acuerdo con markitos, cuando empiezo a ver un programa malo tengo que ver el final. sin duda es contraproducente que te manden a la cama en mitad de una película de miedo porque al final, la mayoría de las veces, te dicen como se mata al malo. si te acuestas sin saverlo y te atacan las pesadillas a ver cómo te defiendes. es el mismo argumento de pesadilla en elm street III pero pasado por mi filosofía tuna de la igualdad.

 

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