El farsante
La noche del 24 de diciembre de 1888 dos de las figuras más importantes de la historia de la pintura discutían, después de consumir cantidades industriales de alcohol, sobre la validez de tomar la realidad como modelo en el proceso artístico pictórico. Van Gogh defendía esta postura mientras que Gauguin argumentaba que la imaginación es la fuente más pura. Esa fue la noche en que, según la documentación conservada, Van Gogh se cortó la oreja.
Dejo el detalle del motivo de la discusión entre ambos aquí, será después retomado para que la linea de narración de este pequeño post cobre sentido al final por su carácter cíclico.

‘In our own time worlds have opened up which not everybody can see into, although they too are part of nature. Perhaps it's really true that only children, madmen and savages see into them’- Paul Klee
Klee no fue el primero en valorar el arte creado por enfermos mentales, de hecho fue el Romanticismo del siglo XIX el primer movimiento que encontraba en la irracionalidad y en el estado de la locura, el acceso a mundos secretos paralelos. Teoría después retomada por psiquiatras a principios de S XX, que como Prinzhorn establecieron una clara relación entre genio y locura. El suizo Hans Prinzhorn publicón en 1922 Artistry of the mentally ill, un pilar en la percepción de la locura cuya sombra llega hasta nuestros días. En él, se examinan las obras de pacientes ingresados en varios psiquiátricos para concluir que su desvinculación con toda realidad exterior, su libertad de formas, no contaminadas con convenciones sociales ni con previas tendencias pictóricas, las convierte en las más puras de la historia. Klee se tomó estos informes con maxima seriedad y en ellos están los cimientos del Art Brut. Así que se repasa la Historia, se retoman ciertas personalidades inestables y se les llama genios.

No es la primera vez que comento en este blog mi aversión vangoghiana, un pintor sobrevalorado y engrandecido por esa necesidad humana hipócrita de redimirse y respaldar en el arte lo que se rechaza en el día a día, los reglones torcidos. Personas como Susan Boyle que si no fueran tan poco atractivas no tendrían ni una porción de la cobertura mediática que nos ayuda a tranquilizar nuestras consciencias en lo que concierne a nuestros valores ético-solidarios. Es por esta razón que tantos se oponen al embellecimiento de Susan y abogan por mantenerla alejada de peluquerías y esteticistas, la quieren pura, tal y como es, porque de otro modo no podrían sentirse bien por apoyar a alguien que es excepcinalmente feo. Con ello se le demuestra al mundo una ausencia total de prejuicios y la cualidad de no juzgar a nadie por su aspecto físico.
La sociedad necesita a Susan Boyle tanto como la Historia del Arte necesita a Van Gogh. Y la razón es su enajenación.
Pero, y si tras de toda esta creación de valores, resulta que fallamos en detectar la verdad? Y si, después de todo Van Gogh no estuviera loco? Y si fuera un farsante? Una investigación reciente publicada bajo el título In Van Gogh's Ear: Paul Gauguin and the Pact of Silence de los alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans se desafía la insanidad del artista. Basándose en documentos policiales de la época y en las declaraciones inconsistentes de Gauguin sobre lo que sucedió esa noche de Diciembre, concluyen que fue éste último el que accidentalemente le cortó la oreja a Van Gogh, que tras este incidente fue ingresado y se suicidó unos meses después. Es posible que el artista tuviera tendencias depresivas, pero no tan extremas como para llegar a la automutilación, según los autores.
Esto es como descubrir que Harvey Milk de hecho, era un hetero reprimido o que Malcolm X no era negro, sino que se coloreaba con canfort. Y Simone de Beauviour era en realidad, un hombre travestido. La escala del impacto es monumental y de confirmarse, el nombre de Van Gogh debería de aparecer junto al de otros tantos timadores como Thomas Chatterton, que al no poder soportar la culpa del fraude, se quitó la vida.
Y fíjense en el detalle: es de sabiduría popular que se cortó la oreja tras cuestionar el principal motivo sin el cual jamás hubiera alcanzado la fama mundial de la que goza. Esa noche estrellada formada por espirales es, según le recuerdo decir a la catedrática C. Gracia, el indicio de la condición maníaco depresiva del pintor (al parecer los que padecen esta enfermedad tienden a dibujar espirales o círculos concéntricos). Un cielo que se nos antoja fruto de la imaginación de un loco. Y a pesar de ésto, él seguía defendiendo la realidad como modelo. Pues si así fuera, querido Vicente, usted no sería más que un nido de termitas.
Labels: Arte



